Dos fuerzas habitan en nosotros desde siempre. 

Una nace del impulso de ser

una persona única; 

te pide que te muestres, 

que te atrevas, que abras camino 

donde nadie ha pasado.

Es la chispa que enciende proyectos,

ideas, vocaciones, destinos.

Es la voz que dice:

yo no soy cualquiera.

La otra nace de la calma, de ser una 

persona más; te recuerda que perteneces,

que no necesitas demostrar nada,

que tu valor no depende del brillo

sino de la humanidad que compartes.

Es la fuerza que sostiene,

que acompaña, 

que te permite descansar en otros.

Es la voz que dice:

yo soy cualquiera.